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Por los caminos de tiza y barro

Por los caminos de tiza y barro

Por Cristina Rivero

Mi escrito se organiza en torno a dos ideas claves: la frase del padre Zini, «Nuestra gloria es hacer historia», y la de Ernest Hemingway, «¿Por quién doblan las campanas?».


¿Quiénes tienen la gloria en toda esta historia que hoy atravesamos los docentes? En estos días fue Nancy Godoy en la provincia de Corrientes, pero no es un hecho aislado. Son acontecimientos que vivimos quienes somos contemporáneas, porque estamos atravesados por cuestiones culturales, falta de decisiones políticas y también por la falta de conciencia de clase. Porque la gloria es la dignidad de los trabajadores (docentes, personal policial, trabajadores de la salud, etc.); la dignidad de los de abajo, de los que sentimos mas de cerca y vivimos en carne propia la necesidad. Sufrimos las dificultades resultantes de la falta de reconocimiento a la labor que desarrollamos y al esfuerzo que realizamos con los pocos recursos con los que contamos, porque muchas veces somos olvidados y nuestros reclamos pretenden ser invisibilizados, cuando no censurados. ¿En qué condiciones están los caminos para llegar a nuestros lugares de trabajo? O pensemos en nuestros magros haberes, que no alcanzan para vivir una vida digna. Nancy Godoy es una víctima del sistema, pero también es una heroína; no de las de yeso, sino una de carne y hueso. Quizá su vocación de servicio la llevó a esa escuela del paraje Malezal, pero también, posiblemente, la necesidad de incrementar un poco más sus ingresos.

Hoy las campanas suenan, pero no preguntes por quién doblan: las campanas suenan por Nancy, por vos, por mí y por cada uno de nosotros. La muerte de Nancy Godoy en Corrientes, de Blanca Gómez, de Carmen Soria y de Lucas Brizuela en Ibarreta nos disminuye como clase trabajadora. Somos humanos, y la ausencia de cada compañero nos interpela. Entonces, no preguntes por quién doblan las campanas: suenan por vos, por mí, por todos