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¡Por escuelas seguras y condiciones dignas de trabajo!

¡Por escuelas seguras y condiciones dignas de trabajo!


Hoy la docencia está de luto. Hoy el dolor nos atraviesa profundamente. Hoy nos falta Nancy Godoy. La mataron. La mataron de la manera más cruel, más injusta y más horrible.  Y frente a semejante tragedia, no podemos callar, no podemos mirar hacia otro lado, no podemos permitir que su muerte se convierta en una noticia más, en una estadística más, en un dolor que mañana quede en el olvido.  Enseñar no debería costarnos la vida. Educar no puede significar poner en riesgo nuestra integridad ni nuestra seguridad.


Hoy exigimos justicia y verdad por Nancy Godoy. Pero también exigimos que ningún docente más tenga que atravesar situaciones de peligro, desprotección o abandono para cumplir con su tarea.

Este dolor nos interpela a todos: como sociedad, como trabajadores de la educación y como Estado. Nos obliga a reflexionar sobre las condiciones en las que desarrollamos nuestra labor, sobre las adversidades cotidianas que enfrentamos para cumplir con nuestras responsabilidades y sobre las exigencias que muchas veces debemos afrontar a cualquier precio.

Porque detrás de cada docente que llega a una escuela hay una historia, una responsabilidad, una familia y una vida que merece ser cuidada y protegida.

Hay situaciones que no aparecen en los libros de nuestra formación docente. Nadie nos prepara para trabajar en  la ruralidad, en contextos de peligro, para enfrentar la desprotección, para resolver con nuestros propios recursos las ausencias del Estado ni para naturalizar condiciones laborales que muchas veces ponen en riesgo nuestra integridad.

La vocación no puede ser una excusa para justificar la precarización. El compromiso no puede convertirse en una obligación de soportarlo todo. El amor por enseñar no puede significar resignar nuestros derechos, nuestra seguridad ni nuestra propia vida.

Por eso, la muerte de Nancy también debe llevarnos a discutir y denunciar las condiciones en las que trabajamos. Necesitamos escuelas seguras, protocolos de prevención y actuación, acompañamiento institucional, recursos suficientes y respuestas concretas del Estado. Necesitamos que la protección de quienes enseñamos deje de ser una declaración y se convierta en una política efectiva.

No podemos seguir naturalizando las adversidades, los riesgos y las múltiples formas de desprotección a las que se exponen nuestros compañeros y, particularmente, nuestras compañeras docentes.

Recordamos también a Edith, a Rodolfo y a Graciela que perdieron la vida en el río. Sus nombres no pueden quedar en el olvido. Cada ausencia nos recuerda que detrás de cada trabajador de la educación hay una vida que importa y derechos que deben garantizarse.

Pedir justicia por Nancy es también pedir justicia por Edith, por Rodolfo, por Graciela y por tantos compañeros y compañeras. Es exigir que ninguna otra familia tenga que atravesar este dolor.

Hoy el dolor nos atraviesa, pero no debe paralizarnos. Tenemos que transformarlo en fortaleza, en unidad y en lucha colectiva.

Porque cuando atacan a una docente, cuando la vida de una trabajadora de la educación queda expuesta al peligro, no estamos frente a un problema individual: estamos frente a una situación que nos involucra a todos.

La docencia necesita ser escuchada, necesita ser respetada y, fundamentalmente, necesita ser protegida.

Exigimos justicia por Nancy Godoy. Exigimos verdad, responsabilidades y respuestas. Exigimos mejores condiciones de trabajo, prevención, protección y un Estado presente que garantice la seguridad de cada trabajador y trabajadora de la educación.

  • Que su muerte no sea en vano.
  • Que su nombre nos convoque.
  • Que su ausencia nos movilice.
  • Que el dolor se transforme en lucha
  • Que esa lucha se convierta en derechos, protección y dignidad para toda la docencia.

 

¡JUSTICIA POR NANCY GODOY!

¡BASTA DE DESPROTECCIÓN!

¡POR ESCUELAS SEGURAS Y CONDICIONES DIGNAS DE TRABAJO!

¡NI UNA DOCENTE MENOS!